Diez dias que vivo en Ipitacito del Monte, una comunidad del Chaco boliviano; mi jornada està dentro del ritmo luz-obscuridad: luz intensisima, obscuridad absoluta.

5.30 de la manana: desde un tanque llevo un poco de agua para un café; despues voy arriba del andamio. Va a impezar mi undecima jornada de trabajo; Juan, diez anos, monta a pelo un mulo, està llevando los animales a beber a lo atajado de la comunidad (alrededor de tres kilometros desde el centro de la comunidad). Una fila de mujeres llevando ollas con dibujos antiguos me comunica que son las siete de la manana: ellas tambien, a pies, estan iendo a recoger agua. En su ida, con las ollas vacias, tardano un poco a mirar la fachada de su iglesia que se anima de signos y colores; hablan entre ellas, se rien,saludan.

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